EL DAVí

Un outlet barato en la estación del tren lleno de locales que venden zapatillas marca “niek” o “abibas”, un tipo en la esquina sentado en un cajón de verduras vendiendo salames y quesos caseros, una mujer que vende paltas en la calle. El pibe que sube al tren y vende facturas para juntar plata para Drogadictos Anónimos, el pibito que no fue a la escuela porque tenía que salir a pedir monedas. Un préstamo del FMI, un préstamo de la Baring Brothers, dos invasiones inglesas bancando la parada a las piñas, como se pueda, con lo que se tenga a mano. Arquitectura parisina, calles madrileñas, costumbres inglesas adaptadas, colonia democratica o democracia esclava. Tu empleado bobo, tu plusvalía, mi carne, mi suelo, mi tierra, mi pacha, la pacha que me cuida y me da siempre. Tu supermercado sin seguridad en el que es fácil robar. El tipo que cree que el pasto del vecino es más verde, aunque el vecino viva en un departamento. Un creyente en un Dios impuesto y que no me quiere.

Tu hijo, el que robaste de las manos de sus padres y criaste a tu imagen y semejanza, el que ve que vos sos blanquito y yo soy negro, negro cabeza, negro con barro, negro orgulloso. Ese pibe que la rompe en el club de barrio y que vos compras a los 9 años como en un mercado negro de esclavos moderno. Ese que te ve y ya no quiere ser como vos, ese que se para solo y se planta. Cobra, le pegan de todos lados y se para, siempre.

El Daví, ese soy, el lindo del barrio en el que se corta la luz, en el que el fiambrero me da fiado porque hoy no conseguí un peso y confía en mí. El Daví, sí. Orgulloso, de barro, del pueblo, lindo por croto. Ese Daví, latino y con aguante.